BIOGRAFIA

Manuel José Arce Leal nació en la ciudad de Guatemala, en 1935. Su padre fue el primer presidente de las Provincias Unidas de Centroamérica, también llamado Manuel José Arce.Parte de su niñez y adolescencia las pasó al lado de su padre en El Salvador, donde comenzó sus inquietudes periodísticas.En la década de los cincuenta retornó a Guatemala y de inmediato incursionó en diversas actividades intelectuales.Publicó colaboraciones en diversos medios de prensa escrita como El Imparcial, Diario de Centroamérica, Nuevo Mundo, Novedades, La Hora, La Semana, Qué pasa calabaza, y particularmente del Diario El Gráfico, en donde fue jefe de Redacción y de su columna de opinión Diario de un escribiente.Su actitud poética ante la vida lo hizo denunciar las atrocidades de la violencia del sistema político nacional, así que tuvo que viajar al exilio a principios de 1980 cuando grupos antidemocráticos lo amenazaron de muerte. Murió en París en 1985.Entre sus libros de poesía se encuentran, En el nombre del Padre (1955), De la posible aurora –Sonetos a mi esposa– (1957), Cantos en vida (1960), Eternauta: cantos de un mar (1962), Los episodios del vagón de carga anti-pop-emas (1971), Palabras alusivas al acto y otros poemas con el tema del amor (1953-1978), Poemas póstumos (1987).En narrativa, Diario de un escribiente, tomos I, II y III (1979 y 1987); De una ciudad y otros asuntos: crónica fidedigna (1992); y en teatro, Delito condena y ejecución de una gallina y otras piezas de teatro grotesco (1971).Los años de su vida, muchos de ellos vividos en épocas de pesadumbre y oscuridad política, están deletreados con melancolía en sus páginas del Diario de un Escribiente. En el cual, metafóricamente describe ese país que amó, con toda su violencia dolorosa, con su muerte indiferente, con su hambre perenne, con toda esa pobreza amarga que por ser inmutable y vieja, el decía que parecía ser un incomprensible castigo divino. Sin embargo, Manuel José siempre encontró el momento feliz y el lado hermoso que tenía cada día, con la sensibilidad natural de los niños y el humor chispeante, pícaro y mordaz del universitario. Ese estudiante que fue inagotable en su espíritu huelguero.En ese sentido son inagotables las anécdotas salpicadas de un humor lleno de genialidad, a veces muy fino a veces terrible, que recuerdan todos sus amigos en las distintas épocas de su vida.Precisamente esto implica otra de sus cualidades inolvidables, tenía una capacidad extraordinaria para hacer amistades, sin importar condiciones sociales y económicas, sin importar el oficio y la edad. Eso en gran parte se debía a que era un platicador incansable, un imaginativo conversador que emprendía diálogo con facilidad sobre cualquier cosa de la vida cotidiana.Eso le hacía perder la noción del tiempo frecuentemente, y de pronto se le había hecho tarde, a veces muy tarde, muchísimas veces demasiado tarde… para seguirle el paso al reloj, a los horarios establecidos o a las agendas rigurosas.Considero que por esas vicisitudes le fascinaba la noche. No sólo porque además poseía una bohemia memorable, sino porque entonces sin distractores, escribía con esa habilidad creativa que es inmensamente valorada hoy. Hasta las palabras más rusticas las transformaba en un deleite para los sentidos. Con regularidad sus siete ensayos periodísticos semanales los escribía el domingo por la noche encerrado en su estudio de la vieja casona del callejón Delfino, escuchando jazz y charlando con los “vecinos” del Guernica de Picasso que colgaba de la pared, mientras bebía café y fumaba interminablemente.Por esa extraña fusión de cualidades humanas vividas con tanta intensidad, es que su muerte es una tragedia que duele entrañablemente. Murió cuando su talento de escritor era fecundo. En ese momento tenía en proceso de producción literaria una cantidad indescriptible de proyectos que brotaban con hermosa impetuosidad.Y la tragedia se torna más dura cuando recuerdo algunas palabras de sus últimas cartas, en las que se palpa el profundo dolor que le causaba sentir que iba morir lejos de la tierra que le daba sentido total a su vida… Morir en un momento jamás imaginado, lejos de sus amigos, y de su gente íntima que le era indispensable para escribir… Lejos porque el océano en su inmensa extensión lo separaba de todas sus pertenencias sentimentales…La paradoja de su vida es que la muerte presurosa en unos pocos años aniquiló hasta su inmenso espíritu de poeta y escritor. Derrumbado en el olvido más profundo, porque su producción literaria, la esencia vital de su existencia, hoy es imposible de acariciar con el corazón y la razón.Cada día que transcurre, el escribiente fundamental se va transformando en un desconocido bronce de la Villa o en un cenizo poeta de armario que vive en el recuerdo de sus cada vez más viejos amigos.  Poeta, dramaturgo y columnista de prensa. Fue reconocida su columna Diario de un Escribiente, que publicó en el matutino El Gráfico entre 1963 y 1979. Es uno de los grandes exponentes del teatro experimental en Latinoamérica. Durante su vida fue empleado de funeraria, ayudante de albañil, obrero en una fábrica de dulces, pintor de brocha gorda, guardia nocturno, profesor de inglés, jefe de redacción de varios diarios, corresponsal de prensa y catedrático universitario. Por la violencia imperante en Guatemala se fue al exilio a Francia, donde murió el 22 de septiembre de 1985. Manuel José Arce estará presente con su voz, sus fotografías, su capa, en el recuerdo de muchos de sus amigos y familiares que presenciarán o intervendrán o en el tributo a su obra y calidad humana, que se realizará hoy en el Teatro Nacional. Será una gran fiesta para celebrar la existencia de uno de los dramaturgos más destacados del país. Habrá piñata, bebidas y boquitas típicas.

 La actividad tendrá lugar en el Teatro de Cámara Hugo Carrillo, hoy a las 19:00 horas. Participarán destacados poetas y escritores nacionales.

 Manuel José Leonardo Arce Leal nació en la ciudad de Guatemala el 13 de mayo de 1935. Su juventud transcurrió entre San Salvador y Guatemala.

 Trabajó en el periódico La Moira con Luz Méndez de la Vega y Carlos Zippfel, mientras estaba en la Facultad de Humanidades.

 En el diario El Gráfico publicó su columna Diario de un escribiente, por lo que se le conoce en Guatemala.

 Además fue dramaturgo. Sus obras más conocidas son: Sebastián sale de compras, Con permiso, Delito, proceso y ejecución de una gallina, El coronel de la primavera, La Conquista y La última profecía. Su poesía es variada y se publicó en diversas revistas y periódicos, así como en el libro Palabras alusivas al acto. Salió al exilio en Francia, y murió en Albí el 22 de septiembre de 1985, en el Hospital Santa Cecilia.

 Recibió muchos honores, como el de la Casa de la Cultura de Albí, cuya sala lleva su nombre.
Francia prepara un homenaje especial para el próximo 22 de septiembre, cuando se cumplen veinte años de su deceso. En el país europeo se celebrará su obra con lecturas y conferencias.

 Sus obras han sido traducidas a varios idiomas y presentadas en muchos países. Muy exitosas fueron las presentaciones de Proceso, condena y ejecución de una gallina en Colombia, Francia y Alemania; y El coronel de la primavera, en México.

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